Agua

Uno de los derechos fundamentales durante la infancia es el relacionado a la salud. Al respecto el agua tiene un rol esencial ya que más de la mitad de la población con enfermedades diarreicas se encuentra entre 0 a 17 años. Estas enfermedades se deben principalmente a la mala calidad del recurso y afectan particularmente a niños en contextos rurales y en condiciones económicas desfavorables.

Una de las iniciativas gubernamentales para que las niñas y niños tengan acceso a agua potable es a través de la instalación de bebederos, sin embargo es necesario no sólo centrar los esfuerzos en estructura sino en fomentar el cambio de hábitos de consumo, mostrar a los estudiantes de manera lúdica el proceso de potabilización del agua y, finalmente, involucrarlos en el monitoreo de la calidad del agua en sus escuelas.

Es importante “pasar de una tecnología pasiva —el bebedero— a una donde puedas aprender qué está pasando, y que además sirva para crear espacios lúdicos alrededor del agua” asegura Fermín Raygadas, Director de Fundación Cántaro Azul.

Su programa Agua Segura en Escuelas, fomenta hábitos de consumo de agua, higiene y nutrición para incidir positivamente en la salud de los niños y niñas de comunidades rurales, además buscan considerar a los niños como sujetos activos, capaces de asegurar su propio derecho al agua potable.

La idea es reutilizar el agua pluvial mediante tecnología simple y adaptable al contexto local; se capacita a los niños  con nociones básicas de microbiología y con microscopios sencillos, revisan muestras de agua en busca de microorganismos: se trata de “hacer visible lo que normalmente no ves en el agua”.

Al involucrar a los niños en el monitoreo de la calidad del agua, interactuar con ellos y hablar de las ideas que tienen para solucionar la problemática, das cuenta de su capacidad. Así, los “guardianes del agua” surgió de manera natural en las escuelas, los niños querían asumir más roles. Los guardianes colaboran en el proceso de recolección y potabilización del agua pluvial, ayudan en la operación y mantenimiento del sistema, rellenan y lavan garrafones, surten agua en sus salones y supervisan que siempre haya agua potable, y en caso contrario, informan a los responsables para solucionar este problema.

Fotografía: Fundación Cántaro Azul

 

Cántaro Azul tiene otras iniciativas lúdicas de interacción con el agua: una bicibomba con un canal o acueducto, donde los niños pedalean y encauzan el agua hacia otro lado, lo cual lo convierte en un juego donde tienen interacción directa con el agua, y ponen barquitos y piedras, generando experiencias positivas alrededor del juego; otra manera es mediante un espacio de música con marimba y percusiones donde los niños van a tocar música y buscan relacionar los sonidos con el agua, haciéndolo atractivo e interesante.

Hasta el momento han trabajado con quince mil personas y para el siguiente año planean llegar a 250 escuelas en Chiapas, Oaxaca y Puebla, tres de los estados con mayor incidencia de enfermedades diarreicas.

Ahora trabajan para generar más lazos con organizaciones de la sociedad civil y el sector gubernamental, donde Nuestra Agua, aplicación web del Centro Virtual de Información del Agua, es una buena plataforma para sumar esfuerzos y hacer visible su trabajo y el de demás actores clave.  Cántaro Azul seguirá promoviendo un modelo de agua segura, integral, sostenible y replicable para escuelas rurales; empoderando a los niños y niñas, instruyéndolos e impulsándolos a ser agentes de cambio en el fomento de una cultura responsable con el agua.

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