El este de Bariloche es la tierra prometida, pero hacen falta inversiones para suministrar el servicio. La situación se agrava día a día con la incorporación de nuevos usuarios a la red.

Una obra que necesita el Las reuniones se suceden una tras otra, las promesas también, lo mismo que las campañas de “uso racional”. Pero llega el verano y la realidad es una sola: la canilla deja pasar un hilo de agua en el mejor de los casos y, desde media tarde hasta la noche, nada de nada.

Las cientos de familias asentadas en Las Victorias conviven con esa carencia crónica desde hace varios años, y en otros barrios y loteos del este de Bariloche la situación es igual o peor.

El problema tiene directamente que ver con la explosión demográfica y la falta de planificación, que dejó al acueducto y las cisternas de esa zona largamente superados.

Los actuales planificadores del municipio –y también los anteriores– han dictaminado que “Bariloche debe crecer hacia el este”. Allí están las tierras de precios más accesibles y los barrios más pujantes. Pero las redes de servicios no acompañan ni de lejos ese desarrollo.

La falta de cloacas se suple con pozos filtrantes, la imposibilidad de acceso al gas natural obliga a apelar a alternativas más costosas como la leña y el gas envasado. Pero la “no factibilidad” de agua nunca es terminante y, cuando una nueva familia se asienta en la zona, obtiene rápidamente su conexión, por derecha o como sea.

El gerente de Aguas Rionegrinas SA en Bariloche, Omar Grill, reconoció que la situación en el este es “critica” y lo atribuyó a que desde hace tiempo “las obras no van a la misma velocidad” que el crecimiento urbanístico.

Sin soluciones inmediatas el problema a futuro podría ser peor porque está previsto que esa zona de la ciudad albergue también la futura terminal, el parque tecnológico y el campus de la Universidad Nacional de Río Negro.

El presidente de la junta vecinal de Las Victorias, Alejandro Bazán, dijo que el problema “ya está planteado” con las autoridades. Aseguró que desde mayo “hubo varias reuniones y propuestas”, pero ningún avance.

“En verano la demanda crece mucho y se agrava la situación”, explicó. “Lo habitual es que todo el barrio se quede sin agua a la tarde, hasta que baja el consumo y vuelve de a poco”.

Señaló que desde la junta llevan adelante una campaña intensiva para recomendar el uso “consciente” del agua, especialmente para el riego, que suele disparar la demanda. Dijo que “la sugerencia es regar de 21 a 24, porque durante el día la red no da abasto. Además de noche la tierra absorbe mejor y se conserva más la humedad”.

Según Bazán, una solución parcial hubiera sido tender un ducto nuevo de 400 metros para alimentar la cisterna del barrio, que almacena 500.000 litros y que tarda mucho en llenarse porque el caño actual pasa antes por otros barrios que toman parte del fluido. “Es una obra sencilla y estaban los materiales, pero no se hizo por falta de permiso municipal para los cruces de calle”, aseguró el vecinalista.

Que este verano sea el último

Planes, proyectos y anuncios son lo que sobra. Hace una semana el gobierno provincial declaró su propósito de “lograr el 100% de cobertura de agua potable” para Bariloche y Dina Huapi y señaló que el Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento financiará el diseño del plan director para ambas ciudades. La comunicación es poco explícita y sólo dice que el plazo para elaborar los proyectos es de “16 meses”.

Pero los vecinos de Las Victorias y otros barrios como Costa del Sol y Villa Verde dijeron que no se imaginan otro verano en la situación actual.

Grill fue más específico y refirió que para satisfacer la proyección de demanda está prevista una obra “grande”, que comprende una toma de agua en el río Ñirihuau y una planta potabilizadora con proyección para abastecer todo el este durante varios años. El costo estimado es de 250 millones de pesos y el plazo de ejecución no bajaría de los tres años.

Como paliativo, dijo que es posible absorber la demanda inmediata con una captación extra en Los Manantiales, del barrio Vivero, y una nueva cisterna de 500.000 litros en La Paloma, que se serviría de un acueducto ya existente. “Es una obra que no cuesta más de 20 millones –señaló el gerente de ARSA–. La necesidad es urgente y ya lo planteamos a Obras Públicas”.

Mudarse con un hilo de agua

Varios beneficiarios del plan Procrear que construyeron sus casas en la zona alta del barrio El Cóndor viven también una situación compleja. Uno de los referentes del grupo, Julián Ruiz, dijo que “ya hay siete familias viviendo en las casas y en dos semanas se van a mudar otras siete”. El servicio de agua que tienen es mínimo.

Ruiz señaló que los plazos de construcción se acortan por exigencias del crédito y de las obras de agua no tienen noticias.

La situación se agravará mucho más cuando estén terminadas las 160 unidades del complejo y también los edificios de viviendas colectivas que el mismo Procrear levanta en la misma zona.

Leonardo Marcasciano, presidente de la junta de Villaverde, también dijo que la incorporación permanente de nuevos usuarios a la red “generó una merma evidente” en el servicio de agua y que presentaron varias notas enérgicas, sin ninguna respuesta. “Queremos ser escuchados –reclamó–. Se trata de un servicio absolutamente esencial. No estamos pidiendo un submarino o una metrovía”.

Si bien la escasez de agua es el principal desvelo en los barrios del este, algunos ubicados sobre la costa del lago se valen de bombas, al menos para el riego. Otros compran agua envasada para el consumo.

Bazán dijo que en Las Victorias viven 1.300 familias y que el crecimiento es constante. Señaló también que el consumo de agua crece porque “a veces hay más de una vivienda y vive mucha gente por lote”.

A su juicio “está faltando mucha infraestructura y los nuevos loteos se aprueban sin la garantía de los servicios, lo que perjudica a todos”.

Mea culpa

El secretario de Obras Públicas del municipio, Alfredo Milano, detalló también las obras proyectadas y dijo que esperan acelerar la presentación de las “carpetas” al Ministerio del Interior. Pero no pudo asegurar que haya soluciones efectivas para el próximo verano.

Dijo que el plan de 376 viviendas que ahora serán construidas bajo administración provincial prevé una cisterna de provisión de agua. “Estaba dentro del paquete y la tendrán que hacer las empresas”, aventuró.

El subsecretario de Planeamiento Urbano, Pablo Bullaude, admitió que Bariloche arrastra un grave retraso en infraestructura básica, pero nadie garantiza presupuestos ni plazos.

“No podemos echarles la culpa por la falta de agua a los nuevos loteos, porque si fue encuadrada como un área urbanizable deberían estar previstos los servicios”, aseguró.

Una botella de arena en la mochila
La necesidad de economizar el agua llevó a los dirigentes barriales a difundir consejos. Algunos esperables, otros curiosos. En Las Victorias desarrollaron un arduo trabajo de concientización con las familias que pone el acento en el riego moderado y en evitar el derroche. Entre las recomendaciones se incluyó colocar botellas llenas de arena en las mochilas de los inodoros a fin de evitar descargas muy voluminosas.
En el barrio la mayoría de las piletas de natación están vacías, dijo el presidente de la junta, Alejandro Bazán. Admitió que el consumo descuidado es foco de “roces, denuncias y peleas” y advirtió que abundan los pastizales secos y, ante un foco de fuego, “los bomberos ya se encontraron con que los hidrantes no tenían agua”.
En números
250.000.000
de pesos sería el costo de una toma de agua en el Ñirihuau y una nueva planta potabilizadora.
20.000.000
de pesos costaría una captación extra en Los Manantiales y una cisterna de 500.000 litros.